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jueves, 19 de julio de 2012

La calidad ¿ democratica ?


     CRISIS DE CALIDAD
        DEMOCRÁTICA .


Por Ernesto Bobek Cáceres
Abogado (Justa Causa)
Cuando sucesivos gobiernos gestionan a espaldas de quien les dio la más alta responsabilidad, cabe preguntarse qué falla con la gente y con el sistema electoral. Se suceden preguntas sin respuestas plausibles o siquiera tolerables que nos mueven a preocupación. ¿Cómo puede ser que demos nuestra representación una y otra vez a candidatos que nos dejan varados en absurdas e innecesarias catástrofes sociales y financieras?
            Resulta curioso que desde que recuerdo, -y seis décadas no son poco- estamos siempre afectados por lo que García Venturini llamaba la kakistocracia, o sea el gobierno de los peores. Y esto no lo predico desde partidismo alguno o “sensación” sino desde resultados palpables y visibles.
            Sería óptimo que nuestra presidente rectificara su forma de gestionar la política; se atuviera a la letra de la sabia Constitución Nacional a rajatabla y no empleara más decretos de necesidad y urgencia, ya que quedó demostrado que cada vez que lo hizo la única necesidad y urgencia la tenía ella y su entorno, y no el país. Dentro de este esquema se incluye no intentar una vez más el manoseo de nuestra carta fundamental. Ya se hizo antes y quedó probado es que no fue de ninguna utilidad.
            Las muestras de actitudes antidemocráticas no son siquiera originales. 
Ya las vimos en muchos presidentes que la precedieron, y no por ello dejamos de espantarnos por las consecuencias cada vez más perniciosas que pagamos por las transgresiones a la legitimidad. Lo que sí es cierto y no menos lamentable es que la tendencia absolutista y totalitaria del discurso único se va arraigando hasta identificarse como cuño de una democracia devaluada que alimentamos una elección tras otra.
            Hay temas fundamentales que se declaman pero nunca se van a practicar, sino “tal vez en la próxima elección” (léase jamás). Y me estoy refiriendo a poner fin a las listas sábana, para que no votemos a representantes con más prontuario que currícula. Muchos podrán decir que lo que manifiesto está fuera de los tiempos. Sabemos que quedan tres años y medio de mandato presidencial a la Sra. CFK, y en realidad le deseo que termine su mandato y además que le vaya mucho más que bien ya que estamos todos en el mismo bote. Pero ante la inexistencia de división de poderes y por ende de democracia, terminamos siendo meros espectadores del vandalismo de oportunistas que sabotean nuestro presente e hipotecan nuestro futuro.
           Implementar reformas a la ley electoral para mejorarla lleva mucho tiempo, esfuerzo, tolerancia, ánimo de convivencia y espíritu democrático Precisamente lo que necesita nuestra joven democracia es poner en acto la potencialidad que parecemos tener hasta que en la urna le damos el voto a un impresentable para que no gane otro que nos parece aún peor. Algunos lo atribuirán a la falta de candidatos potables; otros a la falta de educación. Podemos estar de acuerdo con ambas opiniones o no; pero lo cierto es que si no maduramos cívicamente, seguiremos padeciendo los gobiernos que votamos, surgidos de listas donde tal vez conocemos a quien la encabeza pero ignoramos todo dato de todos los que lo secundan. Y como según la Ley de Murphy todo lo bueno puede ser peor, seguramente a algunos de éstos sí los conocemos, aunque no quisiéramos tenerlos de vecinos ni del otro lado del barrio.
            La crisis de calidad democrática nos conduce a una carencia de identidad. No encajamos en el mundo salvo por las deudas y papelones a que nos someten los políticos de turno. Somos mal vistos, pero nuestros representantes nos quieren hacer creer que estamos insertados en el mundo globalizado y que estamos mejor que el 95 % de la población mundial.
               En el mundo actual, para aspirar a superarse el hombre debe estar dispuesto a hacer lo posible y mucho más. Esa actitud se llama sacrificio, y aunque nos parezca un término salido de una película de terror, a poco que investiguemos los problemas socioeconómicos y culturales que padecemos más nos daremos cuenta del valor de esa actitud, lógicamente embebida como corresponde de premios y castigos, y sin relegar por eso a los más necesitados que requieren de asistencia.
                 Nuevamente la pregunta del millón: ¿Es culpa de los ciudadanos que debamos obligatoriamente votar listas sábana, en franca oposición a nuestras legítimas y necesarias aspiraciones de superación?; ¿Cómo logramos que nuestra mentalidad se nutra de esta actitud y de valores democráticos, republicanos y de amplio respeto a la Carta Magna? La respuesta resulta obvia, pero la falta del justificado reclamo de la ciudadanía ante quienes gobiernan en oposición a tan elementales como necesarios principios ponen la encuesta en crisis.
            Los argentinos carecemos de identidad cívica. Votamos por imperio legal y no nos asombra que muchos preferirían no hacerlo. ¿Cuántas veces escuchamos: “Yo no votaría, ¿para qué perder tiempo si son todos iguales”? Sin consecuencias visibles enorme cantidad de autoridades de mesa no concurre a la citación para un deber cívico e ineludible.
            Para superar la molestia que provoca el mero hecho de elegir a quienes en realidad nos representen hace falta educación. Y ya no hablo solo de la educación cívica. La educación básica de la República Argentina resignó en calidad más del 70 % de los atributos que tenía 15 años atrás. Nuestra escuela pública y las universidades nacionales han perdido groseramente el posicionamiento internacional de privilegio que tenía en un mundo altamente competitivo. Vamos para atrás. Y lo seguiremos haciendo mientras políticas de mediocres y corruptos regulen discrecional y caprichosamente desde la historia hasta las matemáticas que se imparten a los educandos, distorsionando desde los hechos hasta los números.
CABA, 19/07/12.

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